( A Domingo Araya, nos engañó
con su filosofía.)
Sobre los falsos dioses,
de cabezas metálicas
cae la luz incesante del Estuario.
Ni la belleza, ni la sabiduría
comprenden que se cumple el matemático calendario.
Arcos de acomplejada simpleza
contemplan la confusión del orden.
Centenarios, saben de nuestras miserias
y permanecen , estáticos, en las alturas.
Quisimos el resultado inmediato de lo impreciso
sin otrarnos,-alguno supo su verdad-,
ni tú ni yo aprendimos del resultado,
construimos espejos deformes.
¿Pero quién sabe las palabras secretas
de la resurrección?
Volveremos a tu luz mortecina,
a tus techos inmensos.
Al final, todo será concreto:
Yo estuve allí:
Una pobre millonésima de pixel galáctico.
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