La vida secreta de las palabras o de cómo la pretensión falsa-literaria se acerca al aburrimiento supremo, más bien esto último podría aplicarse a esta infumable película de Isabel Coixet que tiene el mérito de ser la responsable de la dirección y del guión; es decir, ella tiene la culpa del tostón.
El público no se merece ese permanente encuadre sobre la cara del quemado, sobre esa cama del paciente o sobre la cara atormentada de la protagonista: una enfermera sorda que es el topicazo de la víctima de guerra. En torno a ellos gira la , iba a decir trama- me arrepiento- pesada sucesión de imágenes y unos diálogos artificiales.
Para colmo, el final está más que anunciado, incluso para torpes.
Salvamos de la película las imágenes marinas, en las cuales no hay ningún mérito personal ya que pertenecen al común de los mortales y están ahí para el videaoficionado principiante.
Ahorrense 110 minutos de su vida y dediquenla a reflexionar…en vez de embarcarse en esta soporífera pretensión.
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